¿Cómo ir a Cabrera? Te contamos cómo llegar

Es posible que hayas visto fotos de Cabrera o simplemente tengas curiosidad por conocer cómo es la isla mejor conservada del archipiélago balear. Si no sabes de qué manera puedes visitar esta isla, te contamos cómo ir a Cabrera.

Como podrás imaginar, el reducido tamaño de Cabrera impide la construcción de un aeropuerto. Por lo tanto, al igual que sucede con Formentera, la única opción de llegar a Cabrera partiendo en barco desde Mallorca.

Tienes dos opciones para ir a Cabrera:

Barcas turísticas

Durante los meses de verano, salen barcas turísticas desde la Colònia de Sant Jordi (Ses Salines) y de Portopetro (Santanyí), localidades costeras situadas en la zona sur de Mallorca. La duración del trayecto es de aproximadamente una hora.

Tengo un barco propio y quiero ir a Cabrera

Si dispones de una embarcación y quieres llegar hasta Cabrera para pasar el día, necesitas solicitar un permiso de navegación. Si, además, quieres pasar la noche en Cabrera deberás solicitar un permiso de fondo. Las oficinas del parque están situadas en Palma de Mallorca, en la siguiente dirección Plaza de España 8, 1º. También puedes llamar al teléfono 971 72 50 10.

La estancia en la isla

Efectivamente, Cabrera es una isla. Todo es escaso, por lo que más vale ir bien preparado. Es importante traer a la isla todo lo que necesites, pero más importante aún es llevárselo todo de vuelta. En Cabrera no hay personal ni infraestructuras para procesar la basura. Por otr parte, el transporte de los residuos y desperdicios de todos los visitantes hacia Mallorca sería muy costoso. Si utilizas los baños públicos, intenta no malgastar el agua.

Cabrera es la isla más isla de todas las islas. No hay isla que, como Cabrera, dé la sesación tan completa de lo que en realidad es. Hasta descubrir la descubierta Cabrera puede decirse que uno no sabía lo que era vivir en una isla y, por lo tanto, darse cuenta de que se pisa una tierra que, según la definición más corta y elemental, es tierra rodeada de agua por todas partes.

Joan Bonet, Cabrera entre sus islas, 1951

 

Todos callábamos queriendo oír un ruido y sólo oíamos el liger zumbido del suave vientecillo deslizándose por las colinas que nos rodeaban, trayéndonos las perfumadas esencias, y el sutil chapoteo del agua salada que venía a fundirse contra las rocas de la cala. Todos callábamos, sin atrevernos a interrumpir con las estridencias de nuestras voces, aquella eterna y admirable sinfonía de viento y mar.

Armand Pin de la Torre, Dietari d’una excursió a Mallorca i Cabrera a bord del Mariucha, 1913